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1. ¿Estás atado al reloj o el reloj está atado a tu muñeca?
Bueno, no soy esclava de la hora, pero lo llevo porque dependo de los horarios de los trenes por ejemplo. En casa jamás lo llevo puesto, y el fin de semana tampoco lo llevo.
2. Si pierdes tu agenda, ¿olvidas incluso la hora a la que tienes que desayunar?
Agenda?, eso no era sólo para anotar teléfonos? en realidad tengo muy buena memoria, y aunque no me acuerde exactamente de una fecha, algo en mi cabeza me hace clic unos días antes y me hace buscarla para confirmarla.
3. ¿Te entra el pánico si se te acaba la batería del móvil? ¿Miras la pantalla cada hora para ver si tienes mensajes?
Si se acaba la batería, pues que se acabe. Siempre puedo recuperar luego las llamadas perdidas, y si es algo urgente ya volverán a llamar, no?. Mientras voy en el tren miro a veces por si tengo mensajes, antes de ir a comer lo miro por si mi prima quiere quedar conmigo a comer y los viernes a partir de las 8, en vistas al fin de semana ;)
4. ¿Miras los e-mails más a menudo que el correo que trae el cartero?
El correo del trabajo lo miro nada más llegar por la mañana, y a media tarde. El mío propio lo reviso con suerte tres veces a la semana (dos días son necesarios para saturarlo)
5. ¿Sigues recordando que la información de internet alguna vez estuvo escrita en libros (con páginas y todo eso)?
Aunque internet y yo nos conocemos desde hace 11 años, nada me impide comprar libros, leer en una enciclopedia o visitar bibliotecas. Aunque una vez me bajé un libro, pero al tenerlo luego en folios ya no me apetecía tanto leerlo, así sin encuadernar, sin portada... no me parecía tan libro
Ojo! voy a hablar de agujas e inyecciones, así que si alguien le tiene grima o repelús a este tema... pues que decida por si mismo, yo no soy quien para decirle a nadie lo que tiene que hacer, leche!
El miércoles fui a la UCSI (Unidad de Cirugía Sin Ingreso) donde me hicieron una E.M.O (Extracción de Material Ortopédico).
Desde hace 8 años que tenía un tobillo fortalecido con tornillos y agujas gracias a una caida tonta- tontísima (ya hablaré de eso otro día). Y desde que hice el Camino de Santiago he tenido unas molestias en el tobillo. Y claro, fui al especialista y resultó ser de esos que piensan que todo se arregla a base de bisturí. Bueno, para ser justa, tengo que decir que tenía en mi cabeza el día que estrené mi supertobillo y las palabras del cirujano "puedes quedártelos para toda la vida, pero si algún día te molestan te los quitas, con anestesia local y unos días de bastones y listo".
Si, fue ese listo lo que me decidió a darle el sí al especialista bisturí-facil. Lo malo es que no me acordé para nada de lo que es un post-operatorio, aunque sea de cirugía sin ingreso.
Para empezar, el primer pinchazo para poner el suero, siempre me lo habían puesto en el antebrazo o en la muñeca, en la parte interna, vamos, donde hay más carne. Pero aquí me lo han puesto en el dorso de la mano, a mitad de camino entre el dedo meñique y el hueso que más sobresale en la muñeca, donde solo hay piel y nada más. Dios!!!! que dolor, con mi experiencia en salas de urgencia por asma, caidas tontas, etc, aguanto bien los pinchazos, pero os juro que se me saltaron las lágrimas.
Mas tarde, mientras estaba en la cama esperando la hora de la operación, me dije, listo, sólo un pinchacito más en la espalda para la anestesia (me esperaba la epidural como cuando me los pusieron) y a esperar. Solo un pinchacito... y una caca de vaca!.
Me llevan a quirófano y me explican que la anestesia me va a dormir sólo la pierna izquierda, desde el muslo hasta el dedo gordo del pié y en ese momento llega un enmascarado con algo que me parece una aguja muy muy larga y dice que pinchará en tres sitios diferente de mi muslo con esa aguja para adormecer los nervios... Jueeerrr! si no fuera porque el suero me tenía inmovilizado el brazo yo me ponía en pié y me marchaba ya mismo. Hala, a seguir pinchando, por suerte el individuo enmascarado era muy hábil y apenas tuve molestias.
Ya estoy fuera de quirófano, ya han pasado horas y estoy esperando el alta, viene una nueva enfermera y me dice que tiene que ponerme la heparina para evitar coágulos, bueno, vale, es un pinchacillo en la tripa con una agujita pequeña, como la de la insulina para diabéticos. Me dan el alta y antes de irme me da estuches de heparina y me dice que tengo que ponérmelos durante 10 días. Lo bueno viene cuando me explica como debo pincharme -¡pincharme yo misma!- me dice que siempre puedo ir al centro de salud para que me los pongan, pero es algo tan fácil y rápido que no merece la pena perder el tiempo esperando en una sala de espera para un pinchacito (ya me repateaba hasta los higadillos la palabra pinchacito).
Pues bien, el jueves estaba cara a cara con la heparina de las narices, tumbada en el sofá con el tobillo en alto, y una bandeja con algodón y el betadine. Sabía lo que tenía que hacer, pero no sacaba las fuerzas para pincharme yo misma. Miniaguja, mi tripa, es facil... me entró la risa nerviosa que me da cuando algo me duele ( es verdad, yo me río en lugar de quejarme o gritar). Pensé en los niños diabéticos que aprenden a pincharse y lo hacen ellos solitos, ea, vamos pa'llá! y lo hice. Lo mismo el viernes y lo mismo hoy. Pasarán los 10 días y no me acostumbraré.
Lo que yo esperaba, solo 2 pinchazos y 3 días de bastones, se han convertido en pinchazos como para dejarme hecha un colador, la baja en el trabajo, 15 días de bastones, y durante 10 días un cara a cara con la heparina, y listo!.